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EL BOSQUE

CARLOS RIVERA

No entra en mis cálculos, con el año nuevo, la idea de cambiar de vida. Y no es que esté satisfecho con la que llevo, que es manifiestamente mejorable, sólo que me entra una indecible pereza al considerar lo que de esclavitud tienen esos buenos propósitos que siempre solemos incumplir en el cuerpo, animal de costumbres, y en el espíritu, en cuyos desvanes reposa la indolencia de no saber qué hacer con las cenizas de los años vividos. Escéptico que es uno, por la naturaleza de la edad, no voy a cometer la sandez del iluso implícita en el viejo proverbio de “ año nuevo, vida nueva”. A estas alturas ni los años son nuevos ni la vida te ofrece más soluciones que las imprevistas , que es lo que creo que nos ocurre a todos, cazados al azar por el factor sorpresa de lo que puede depararnos, en bien o en mal, lo que llamamos “experiencias personales”, análogas e idénticas, aunque nos parezcan nuevas, a las que no han sucedido y a las que nos tienen que suceder por la ley del contraste entre lo predicible y lo impredicible.
De nada vale intentar recluirnos en el personal “beatus ille” que nos aleje de los ruidos del mundo. Por mucho que lo intentes siempre te coge el ruido desprevenido, y, de una manera o de otra, estás obligado a asomar la nariz y a poner el oído, aunque al final cortes por lo sano de un nuevo encogimiento de hombros. No son tiempos, desde luego, para el bucólico pasar de todo pero tampoco para desgañitarse por los desmanes del mundo de los hombres , que siempre son los mismos y nada ni nadie podrá remediarlos.
Hace ya muchos años descubrí que no hay, en realidad, más que un inmenso bosque llamado incertidumbre. Yo era, en aquellos años, el muchacho que tenía ese bosque, solo que, por entonces, solía cantar en el, en ocasiones, el dulce pájaro de la juventud, ave del paraíso de la edad que debe encontrarse, ahora, en un lugar de mi tiempo perdido, ya que ni en mis sueños aparece. Y eso que el bosque sigue viviendo en mí, aun más acrecentado en su espesura. Hay una antigua verdad que viene de nuestro Séneca y enlaza con todos los maestros del escepticismo : la del saber que no se sabe nada. La certidumbre de saberlo todo sólo se da en aquellos que lo ignoran todo, como en los jóvenes y en un número, mucho mayor de lo que se piensa, de mediocres adultos.
Por cierto : la mayoría de los cuentos, no sé por qué, empiezan o terminan en el bosque, como si todos los mitos y leyendas humanos tuvieran como escenario el paisaje de esa certera incertidumbre. En el bosque de Versalles, al visitar París, tuve la sensación de haberme perdido allí alguna vez , tal como creo le sucediera a Ezra Pound. Después de esa visita al bosque de Versalles sufrí algunas curiosas pesadillas en las que aparecía mi cuerpo rodeado de árboles frondosos sin que pudiera escapar hacia ninguna parte de la confusión de sus ramas que me ahogaban. Nada, que yo sepa, dicen los intérpretes de los sueños acerca de situaciones como esta, tal vez desórdenes oníricos de una larvada inseguridad ante un mundo desequilibrado en sus cuadernas. A mí no se me ocurre otra explicación que la del enfoque del problema del tiempo estructurado como una manifestación confusa en las metáforas del subconsciente. El “huerto de cruces” de Gabriel Miró, paisaje de paisajes del camposanto de Polop de la Marina, y la visión fantástica que tuvo El Greco de Toledo, al pintarla rodeada del bosque de un cielo oscurísimo encendido con ramos de relámpagos, son manifestaciones parecidas, porque la imagen del bosque, tan querida en su simbolismo por los románticos, es la de un misterio que atrae nuestra curiosidad, como si quisiera hacernos partícipes de una revelación intimista.
Para poder leer, a ciencia cierta, el sibilino texto de un año que comienza, nada más razonable que aceptarlo como una tierra incógnita en la que espera el bosque de la vida. Un bosque, ciertamente, lleno de incertidumbres para todos , pero también del “adagio molto” de esa música irrenunciable de tantas certezas por las que merece ser vivida la vida .
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
Carlos Rivera » Artículos de opinión (1998-2003) » Respuesta

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