BIOGRAFIA DEL FRACASO
CARLOS RIVERA
Luís Antonio de Villena, con quien llegué a tener en una ocasión de Córdoba una rarísima charla sobre la poesía y sus engendros, ha publicado recientemente un libro singular como todos los suyos . En este caso se trata de una “biografía del fracaso”, lo que es decir que ha escrito acerca del fracaso de algunas biografías. Los protagonistas del libro de Villena son, como los “locos egregios” de Vallejo Nájera, insidiosas figuras de la cultura de nuestro tiempo, desavenidos con el sistema o así, fracasados ilustres, en suma, no víctimas imponderadas y anónimas del colectivo de los perdedores. Por lo que sé del libro, sólo las referencias, Villena habla, por tanto, de perdedores selectivos, de gente cuya fama estuvo más conciliada con el fracaso de una vida que con el éxito de sus contingencias. Supongo que habrá incluído a Dylan Thomas, muy venerado del autor, y que no se habrá olvidado de Oscar Wilde ( ya digo que no conozco aún el libro). La elegancia de estilo de Villena, siempre tan apreciada por sus lectores, ha debido tratar, sin duda alguna, de perdedores elegantes. No es fácil ser elegante en esta vida. Y mucho menos ser un elegante perdedor. No hay elegancia posible en esos pobrecitos navegantes a la fuerza de las pateras de Caronte, ni en un paria de la India, ni en un despojo de la negritud, ni siquiera en un parado de larga duración de nuestra Andalucía. Ante las numerosas cornadas que dan las apreturas existenciales no hay elegancia que valga. Los pobres bastante tienen con sobrevivir y sobremorir en cualquier estado del bienestar que se tercie. Y encima tienen que soportar que les diga cualquier señor del bigote que España ,o lo que sea, va muy bien. No hay que ser un lince para entender que nunca se refieren tales verborreas triunfalistas a los indiferentes del abismo sino a los que flotan en la cresta de la ola. La “biografía del fracaso” de Villena se ocupa de otros caídos en el frente de batalla de la vida, los elegantes perdedores a los que antes me refiriera . Porque hay perdedores esclarecidos, perdedores con “pedigrï” y hasta perdedores chapados en oro como ese Dodi Al Fayed que casi estuvo a punto de pasar a la leyenda con la hermosa Diana. Hay un matiz que yo contemplo : que te encuentre el fracaso al principio o a la mitad del camino , que es el fracaso común, o que te espere agazapdo y sorpresivo en medio de todo el esplendor y la sustancia de la vida. Para casos como esto tiene nuestro refranero una respuesta muy airosa : esa de que les quiten lo “bailao”. ¿Cuántos supervivientes del naufragio real de la existencia se cambiarían por perdedores como esos, aún siendo conscientes, de saberlo, del anticipado batacazo ?. La vida, para todos, es peligrosamente falsa, incluso para aquellos que creen disfrutarla a tope, con todos sus beneficios añadidos, como ese rico y desafortunado heredero del imperio Harrow. Siempre hay un fracaso escondido en cualquier peripecia personal. Lo peor es tener que sobrevivir, a la fuerza, en el anonimato colectivo de los destinos insatisfechos, o, como mal menor, tener que conformarse con el camelismo de una reputación. Esto último, y más en nuestros días, es un fenómeno social considerable, el fenómeno de las apariencias, que son, en ocasiones, situación y manía, cuando no defensa personal para suscitar los efectos especiales y trucados de la envidia y la admiración ajenas, pura parafernalia. Hay quien pierde más tiempo simulando una cultura cogida con alfileres, que el que hubiera gastado en adquirirla de verdad. Hay quien simula aparentar ante sus vecinos un aparatoso camino de vida que no se corresponde con la realidad de puertas adentro de su casa, como el hidalgo castellano que tenía que llenarse la barba de miguitas de pan para demostrar que había comido realmente, lo que no en todas las ocasiones era cierto. De estos fracasos, los más patéticos tal vez , se ocuparon los saineteros de siglos pasados para dar testimonio de la inconsistencia moral de la sociedad de su tiempo. En cuanto a los de hoy, no habría que incluirlos en ninguna biografía colectiva sino en un tratado de ética acerca de lo frágil y falsario de la condición humana.
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