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BITÁCORA
SPANGLISH Carlos Rivera
04/08/2004
Todas las madres jóvenes de mi barrio, como las de cualquier otro barrio de la ciudad, tienen una obsesión: que sus criaturas, desde el inocente parvulario, se "apunten" al inglés. Sé que es una compulsión más en estos tiempos tan compulsivos. Tiempos en los que numerosos jóvenes y adultos del planeta se pasan buena parte de la vida probando "links" de "web" en "web" en busca del maná hipertextual del "gif" insólito o del efecto "Java" sorprendente. Tiempos de culto al cuerpo (para el que, incluso, ha nacido una palabra: "metrosexual") aunque en ocasiones dicho culto consista en el engorde, y no precisamente de la materia gris (ya hemos hablado, en alguna ocasión, de la civilización, si así puede llamarse, de los comedores de grasas) o en el alienamiento más contrario: la delgadez extrema de nuestras adolescentes y jóvenes anoréxicas. Las colonizaciones informáticas procedentes del Gran Hermano del Oeste hace tiempo que nos hiceron usuarios del "Excel" y del "Word" tanto como del soporte idiomático imprescindible para movernos en la red de internet, nuevo Eldorado en el que nuestros hijos, si no saben inglés, no lograrán jamás la verdadera felicidad de este mundo, que consiste en alcanzar la identidad de pobladores electrónicos de todas las "geocitys" del planeta. Lo que no me parece inconveniente, ya que yo mismo me he convertido en internauta de ocasión casi todos los días, en un desdoblamiento paranoico que me lleva de la lectura reposada de un libro de poemas al correo electrónico sembrado de basura. Y aquí entramos en la materia del asunto, la dependencia del idioma inglés para "linkar", algo así como el "zapear" televisivo. Sin el inglés serás un náufrago en el mar proceloso de la red de redes. Un insignificante ciudadano del mundo virtual lleno de palabrejas del idioma de los bárbaros, como diría, de haber vivido en estos tiempos, Rubén Darío. Aunque lo peor ocurre al otro lado. En el país del Gran Hermano del Oeste, de donde nos vienen gran parte de los males que afligen a este mundo, se está produciendo la degeneración de nuestro bello idioma castellano. Me refiero a ese extraño mejunje llamado "spanglish", que es la tercera lengua de Nueva York, la segunda de Miami y la primera lengua de las masas hispánicas en los barrios marginales de Los Angeles y otras ciudades norteamericanas. El "spanglish"es, básicamente, la lengua de los hispanos pobres, la mayoría casi analfabetos en los dos idiomas. La lengua, también, de los hispanos educados que se averguenzan de su origen e intentan parecerse a sus conciudadanos anglosajones. Esta invasión del inglés sobre el idioma castellano es la última amenaza del imperialismo norteamericano, la imposición de un modo de vida que es económicante dominante pero, en ningún sentido, culturalmente superior. El espíritu de una civilización como la nuestra no es medible, en absoluto, con una calculadora. La esencia y la dignidad de nuestra lengua harán imposible que el chocante "spanglish" acabe por imponerse. Aunque el idioma brota en la calle y luego llega a las academias, no hay peligro de que nazca una literatura del mejunje. O, en todo caso, sería una literatura inferior. Aunque la realidad es alarmante si vas por una calle de Manhattan y oyes a una muchacha de origen hispano terminar así una conversación telefónica: "Te llamo para atrás żokey?" por "te volveré a llamar". O escuchas expresiones como "taipear" (escribir a máquina); "vacunar la carpeta" (aspirar la alfombra); "el rufo del bildin" (el techo del edificio) o "parquear el carro" por aparcar el automóvil. O decir que una tienda "delibera groserías" ("deliver grocery", reparte la compra). Tales disparates linguísticos se escuchan a diario. Aunque ya estábamos advertidos del peligro del inglés como lengua dominante o invasora. En su poema "El Cisne" Rubén Darío lo presintió : "żSeremos entregados a los bárbaros fieros?/ żTantos millones de hombres hablaremos inglés?/ żYa no hay nobles hidalgos y bravos caballeros?/ żCallaremos ahora para llorar después?". El "rulfo del bildín" de la situación es que cualquier hispanohablante tiene el derecho de aspirar a la alcaldía de Nueva York. En otras palabras: "Puede correr para la oficina de mayor". Dicho sea en puro y adulterado "spanglish".
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Carlos Rivera
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