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La respuesta está en el viento
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BITÁCORA

LA RESPUESTA ESTA EN EL VIENTO

Carlos Rivera

14/07/2004




Existe, siempre existió, el izquierdista sentimental a la manera de los eternos adolescentes de la vida. Bob Dylan lo fue en un país, Estados Unidos de Norteamerica, en el que la izquierda nunca tuvo mucho futuro, como nunca tuvo mucho pasado y del presente, ni hablemos. Debe ser por las condiciones ambientales tanto como por la niñez histórica de la nación que siempre se creyó el ombligo del mundo por su jerarquía económica. ¿Cómo puede existir una izquierda política en un país tan satisfecho de sí mismo? Tan satisfecho que para cualquier ciudadano norteamericano el resto del mundo es periferia, arrabal desconocido, cagada de mosca en el mapamundi de su inmanencia histórica. Ellos son América. El resto del gran continente es un barrio, una sucursal o un apetito de dominación siguiendo las tesis de la vieja doctrina Monroe. Ellos son América, un país donde demasiados hombres tienen mucho dinero y demasiados hombres no tienen nada. Ellos son la culminación bíblica del sueño de la tierra prometida, el presente, el futuro y el pasado, aunque apenas tengan una historia de dos siglos. Ellos son el espejo en el que nos hemos mirado diminutos, hambrientos de sus desmesuras, envidiosos de su dominación y enemigos acérrimos de su infantil soberbia. Tan lejos y tan cerca de nosotros que forman parte de nuestra historia personal como lo forman Dylan, Andy Warhol, Woody Allen o ese Brando magnífico que acaba de extinguirse dejándonos un poso de nostalgia.
Dylan fue de los nuestros. Nos conmovió con su "Blowin in the wind" . Creíamos entonces que en las cuerdas de la guitarra de Bob anidaba la utopía y que en sus bemoles de protesta ardían nuestras más puras reivindicaciones. Eso ya queda lejos. Tan lejos como el izquierdismo de Guthrie y Luther King, como las manifestaciones juveniles ante el Pentágono, como la voz de Joan Báez cantando "No nos moverán". Nos movieron. Nos zarandearon. Pisotearon nuestros sueños, aunque Dylan siguó cantando letras contra el rey de los filisteos, contra la guerra de Vietnam. Bajo su disfraz de vagabundo dorado Dylan nos contó la "Balada de Frankie Lee y de Judas" el cura y cuando entramos en escena un mayo del 68 nos dimos cuenta de que nada podríamos hacer contra las relaciones de producción y de dominio de una casta sagrada.
Y las cuerdas de la guitarra de Dylan se fueron deshojando como nuestras ilusiones. Y sus canciones comenzaron a parecernos ridículas salvas de pólvora mojada contra la maldad intrínseca del Sistema. Para entonces, Dylan se había convertido en un "showman" viviente. El Sistema lo había asimilado, convirtiéndolo en rico y famoso cantautor que componía baladas de amor liviano para los jóvenes y adultos de la sociedad satisfecha. Sus estúpidos deseos infantiles de cambiar el mundo se derrumbaron antes que los nuestros. Toda idealista contingencia terrena sigue esa trayectoria histórica desilusionante. La canción combativa ha dado paso a la desesperanza. Tan natural como la vida misma. Por ahí, en cualquier carretera 61, han quedado los restos del naufragio de los poetas de la "generación beat". América sigue siendo América, el ombligo del mundo y los que un día sentimos su atracción como la de una utopía cumplible, nos hemos acostumbrado a su apestosa dominación.
"La muerte de Emmett Till "se ha propagado por la Historia y aunque el ya viejo Dylan siga aferrado a su guitarra, sólo quedan los restos de la música como un olor a rastrojos quemados. Posiblemente sea tarde para todo. Incluso para que Bob Dylan haya venido a Córdoba con su guitarra deshojada y amnésica, con su voz de viejo resabiado que hace tiempo que tomó partido y que ya no pertenece al bando de los prisioneros. El "Comandante en Jefe" de su país, que aspira a la reelección, nos tiene maniatados. ¿Se habrá vuelto republicano Dylan? ¿Votará a Bush en las primarias? Habría que preguntarle a su voz y a su guitarra: ¿qué ha sido de nosotros? Se nos dirá que la respuesta está en el viento. Y el viento viene lleno de podredumbre. Muere la gente en Africa, en la América profunda, en Irak y Afganistán. "Hace mucho tiempo, muy lejos. Cosas como esta ya no pasan hoy en día". Eso cantaba Dylan. Con su guitarra muerta, deshojada, ha venido a recordarnos ese tipo de cosas que llenan nuestros ojos de suciedad.
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Carlos Rivera » Bitácora (2004) » Respuesta

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