.       Esta pagina se actualiza de nuevo el 10 de enero de 2009
El bosque de los ausentes
 Novedades
- La chinita, de Alba María Barreiro
- Histeria de España
- Cuentos de Gianni Rodari
- Primer capítulo de “El viaje del elefante”, de José Saramago
- George W. Bush ante el pavo de plástico, de M.Vicent
- Instantáneas poéticas
- Los maestros antiguos (fragmentos), de Thomas Bernard
- De políticos y tontos
- “En común”, de Edgar Bayley
- Una difícil esperanza
- Algunos poemas de Edgard Bayley
- Años de libertad. Edgard Bayley
- "Pijoaparte"
- Perséfona (fragmento)
- Un texto sobre André Gide
- Fragmentos del “Diario” de André Gide
- Fragmento de “Los alimentos terrestres” de André Gide
- André Gide : la profundidad de la piel
- Contra el olvido
- Poesía para el país


Inicio » Bitácora (2004)

  Versión Imprimible

» El bosque de los ausentes
BITÁCORA

EL BOSQUE DE LOS AUSENTES

Carlos Rivera

09/06/2004





Los delicados y tiernos árboles plantados en la rotonda de Atocha en recuerdo de las víctimas del atentado ya no sorprenden, aunque sí emocionan al viajero. Cerca de allí, en la Cuesta de Moyano, yo tenía la inveterada costumbre de comprar libros cada vez que visitaba Madrid. Hice amistad, cuando yo era un joven poeta, con uno de aquellos viejos libreros que me solía hablar de Juan Ramón Jiménez como de un dios de las palabras. El hombre era de Moguer y recordaba su niñez entre arboledas de poemas que crecían en las mañanas de la vida como eucaliptos clavados en el cielo. Lamentaba aquel hombre sus pérdidas del alma tanto como las de los árboles de su niñez, talados con el fin de llenar los bolsillos de los propietarios de la fábrica de celulosa de San Juan del Puerto.
Han pasado muchos años y el librero ya no está allí, como no está mi corazón de juventud que tanto disfrutara adquiriendo una mañana la primorosa edición de Aguilar de las Pastorales y los Jardines galantes cuya lectura marcaron para siempre mi concepto de las mañanas de la vida, los mejores momentos de la existencia de un hombre. Contemplando el otro día el que ya es llamado "Bosque de los ausentes" tuve la sensación de que los cipreses y los olivos allí plantados en recuerdo de las víctimas de Atocha eran también como un símbolo de todas las pérdidas humanas. No harán vida esos árboles en la rotonda de una estación tan mítica para nosotros, los del sur. Serán trasladados al Retiro y en su lugar volverá a descubrirse la vieja fuente hoy tapada con sacos terreros.
Vayan donde vayan, esos árboles se convertirán para el imaginativo popular en símbolos de ausencias, tanto el ciprés, que rememora la fugacidad humana en el inmenso océano del tiempo (en Cataluña significa hospitalidad), como el olivo, árbol nuestro sagrado y símbolo de paz entre los hombres. Curiosamente, cerca de tan emocionado bosque y en una librería de la Cuesta de Moyano, estaba expuesto hace unos días un libro sepia de poemas que con el título de El libro del bosque. Versos de meditación , había sido publicado en Buenos Aires en 1948 por el no muy conocido poeta Arturo Capdevila. Hojeándolo leí estos versos: "Aquello fue terrible. Los follajes también sienten espanto". La poesía, que expresa entre otros motivos la espesura de los bosques del alma, estaba allí plantada, en una caseta de libros de lance, como una analogía coincidente.
Han pasado los meses desde aquella tragedia nuestra, familiar, del 11 de marzo y a la vista del "Bosque de los ausentes" uno mira con emoción el documento urbano antes de volver a la estación de Atocha que continúa siendo regada con las lágrimas simbólicas de las velas, las imágenes, las flores, las oraciones y los poemas. En la estación, íntima y particular, de la página que tengo en internet he plantado otro bosque al que he llamado "Atocha, hora cero". El que quiera penetrar en esa página y se remita a la categoría de "Poe+" podrá leer los testimonios que los poetas y escritores españoles expresamos con posterioridad a los atentados de la estación madrileña. Allí, LuIs García Montero nos habla del "pañuelo y las sombras de la vida / el dolor, la verdad de lo perdido". Juan Cruz dice que "acaso es hora de que las negras palomas hagan el viaje de vuelta". Yo expreso mi consideración de ser "víctima acreditada entre las víctimas / que viajaban en trenes / con una bomba conflagrada dentro / de su inocencia". Enrique Falcón habla de los "vientres de Madrid y de Bagdad" y del "inesperado cordón umbilical que une a las víctimas y deja sin argumentos, completamente solos, a los señores canallas de la guerra". Al despedirme del "Bosque de los ausentes" para volver a Córdoba recordé las imágenes torturadas de las que estos días ha escrito la intelectual norteamericana Susan Sontag. "Así consideradas --dice Susan--, las fotografías de los torturados y los muertos somos nosotros, los americanos". Como todos somos, en cierto modo, el documento urbano de esa rotonda con olivos y cipreses que viajando hacia el sur me despertaron la memoria de aquel librero de Moguer que se refería a su niñez como una arboleda de poemas creciendo en las mañanas frescas de la vida y no en conmemoración de tan terribles como injustificadas y absurdas muertes.
Importante: Se permite la reproducción de los textos siempre que se cite la fuente
Carlos Rivera » Bitácora (2004) » Respuesta

Envía este artículo a un amigo CLICK AQUÍ

 
Córdoba
Ciudad europea de la cultura 2016
"El saber SI ocupa lugar"
Copyright 2004 ElPelaO.com


Estadisticas web // -->
Estadisticas de visitas
 

Respuesta2.0.1