A mucha cortesía, mayor cuidado.
Esta expresión contiene una advertencia simple pero interesante. Aparece citada por Mateo Alemán en su “Guzmán de Alfarache”, y aconseja no fiarse demasiado de aquellas personas que usan modales excesivamente amables y corteses, porque pueden ocultar malas intenciones. En tal sentido enlazaría con otra vieja locución española, aquella que reza “del buey manso me libre Dios, que del bravo me libro yo”. No es que sea una locución usual, como tantos otros proverbios del castellano, aunque en sí misma encierra esa antigua lección que aconseja que no debemos fiarnos de ciertas conductas demasiado amables y que es más sana la de aquellos que “se ven venir”, en definitiva lo del buey manso y el bravo.
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