Decir a estas alturas que David Lynch tiene un sello propio no es una obviedad, es una verdad universal. Y es que el término "Lynchiano" es aplicable a todas y cada una de sus obras, desde las más simples (Terciopelo Azul, Corazón Salvaje) hasta las más complejas (Carretera Perdida, Cabeza Borradora). Posee una innegable potencia visual, desgarradora, oscura y siniestra. Podríamos decir, según estos términos y como cabía esperar, que su Inland Empire es otro ejercicio Lynchiano. El problema, quizás, es que lo es de una manera excesiva.
La primera parte del film es una magistral pieza del genio de Montana: mundos oníricos, extraños personajes, dobles (y terceras) personalidades, la confusión de la realidad y la ficción... Todo parece ser parte de un complejo engranaje de sueños y pesadillas, con miles de detalles que se escapan al ojo pero que se mantienen en la mente. Pero eso, lamentablemente, "solo" llena la primera hora y media de película.
El problema viene cuando el film da un giro de guión extrañamente brusco, se intenta meter en camisa de once varas y acaba por liar, aburrir y desesperar al espectador. Lo que antes parecía parte de un meticuloso puzzle, ahora parece metido con calzador, sacrificando todas las cualidades que tenía para crear una exagerada "obra de arte". Por eso es un Lynch en exceso, porque 170 minutos son demasiados para el surrealismo de este autor, haciendo que se pierda en el laberinto que él mismo había construido.
Por otra parte y dejando al realizador americano, tenemos a la protagonista, Laura Dern, que ya había trabajado anteriormente con David Lynch. Su actuación es impactante y desgarradora, transmitiendo la situación tan delicada que vive su personaje sin caer en la sobreactuación, pasando por diferentes roles durante todo el metraje, mostrando la angustia y el sufrimiento que lleva una persona por dentro. Porque en definitiva, de eso es lo que trata esta Inland Empire, de una mujer en problemas, que se ha perdido dentro de ese complejo mundo que es el alma humana.
En cuanto a la parte técnica, tenemos unos primeros (primerísimos) planos que nos hacen ver los mismos poros de la piel de los personajes, una fotografía que otorga suciedad y falsas apariencias a los escenarios, montajes con las luces imposibles y un acabado técnico que da una sensación de proximidad inquietante, como si estuviéramos viviendo el sueño/pesadilla en el que está sumergida la protagonista.
En resumen, como ya se ha comentado al principio de esta crítica, Inland Empire es un Lynch en exceso, una muestra de cómo empezar magníficamente un film y estropearlo con un largísimo metraje y un extremado surrealismo. Es un film que desesperará a los que no entienden a Lynch, decepcionará a sus seguidores y convencerá a los más fans.
Por mi parte, como seguidor de este gran director, espero con ansia un nuevo proyecto menos avaricioso y más en la línea de las pequeñas joyas que nos ha dejado para la historia del cine. Porque Lynch vale eso... y mucho más.
Lo mejor: El poder visual de Lynch, la actuación de Laura Dern y la primera hora y media: soberbia.
Lo peor: Todo el metraje que le sobra y las excentricidades excesivas, que no le sientan bien a 170 minutos de película.